Quién Soy.


No soy un consultor. Soy un implementador de ideas que resuelve problemas reales.
40 años resolviendo problemas reales
Y no fue la única vez que llegué antes. Traje la primera concesionaria de motos eléctricas a Comodoro Rivadavia cuando casi nadie sabía lo que eran. Primero economía circular, después movilidad eléctrica, ahora inteligencia artificial. Siempre encontré el negocio donde otros todavía no miraban.
No aprendí a dirigir en un aula. Lo aprendí tomando decisiones, cometiendo errores, y haciendo que las cosas funcionen en el mundo real.




Arranqué desde adentro de las organizaciones. Fui Gerente de Administración y Finanzas del Correo Argentino para toda la Patagonia durante 10 años — aprendí lo que significa manejar operaciones grandes en territorios difíciles.
Fui Presidente del Club Náutico más grande de Comodoro Rivadavia durante 8 años. Profesor de Vela y Motor habilitado por Prefectura Naval. Secretario Legislativo del Concejo Deliberante de Rada Tilly.
Y en 2002 fundé La Cartuchera Ecológica: una empresa de economía circular con logística inversa en la cuenca petrolera patagónica, que llegó a operar en Neuquén, participó en la Expo Franquicias de Buenos Aires, y fue seleccionada por el Programa PAE Pymes y por Endeavor Argentina. Dirigí esa empresa durante 20 años. Cuando el ACV me alejó de la operación, mis hijos la cerraron para seguir con sus propios proyectos. Cada uno siguió su camino.
A los 60, todo cambió
En 2020 tuve un ACV. Se me paralizó el lado izquierdo del cuerpo — y soy zurdo.
Tuve que aprender de nuevo a caminar, a hablar, a comer, a escribir, a tocar la guitarra. Todo.
Mi cuerpo tiene secuelas. Mi cerebro, no.
Con la memoria y la experiencia intactas, y sin poder volver a la operación física de antes, tomé una decisión: usar lo único que nadie me podía sacar. Y busqué la forma de convertir 40 años de conocimiento en algo que siguiera generando valor.
Ahí entró la inteligencia artificial. No como una moda, no como un experimento: como un motor de salida económica. Me puse a aprender desde cero, a los 60 años, con las secuelas de un ACV, porque no tenía otra opción — y porque siempre encontré la salida en los lugares donde otros ven un callejón.


